Nutrición de las plantas y fertilización, tercera parte

Éste es el tercer artículo de esta serie semanal sobre la nutrición de las plantas. En el primer artículo (aquí), se explicó cómo se alimentan las plantas a través de las raíces y cuáles son los nutrientes que necesitan. En el segundo (aquí), se describieron los diferentes tipos de fertilizantes.

En este tercer artículo, se describe la fertilización foliar y se explica la manera de interpretar el etiquetado de los fertilizantes. Por la extensión del tema, los microorganismos que viven en torno a las raíces y que resultan beneficiosos para la nutrición de las plantas serán tratados en una entrega especialmente dedicada.

FERTILIZACIÓN FOLIAR

Los dos primeros artículos de esta serie se concentran en la adición de nutrientes para que las plantas los tomen a través de las raíces. Esto se llama fertilización radicular. En esta sección se trata la fertilización foliar, que es la aplicación de nutrientes directamente en las hojas mediante aspersión (spray).

Foliar_03La principal ventaja de la fertilización foliar es la rapidez con que se absorben y distribuyen los nutrientes. Su mayor desventaja es que con ella se aplican sustancias directamente en las partes que nos interesan de la planta para su consumo, como hojas y frutos, y que pueden proporcionar olores o sabores distintivos.

El mecanismo de absorción de los nutrientes por las hojas es la difusión pasiva. Es decir, la planta toma aquellos nutrientes que están más concentrados afuera de la hoja que adentro, y siempre en su forma simple y eléctricamente cargada.

Como todo tipo de fertilización, se deben respetar las concentraciones y frecuencia de aplicación, bajo el riesgo de perjudicar a la planta si son excesivos. Nuevamente, esto aplica a los fertilizantes foliares de todo origen, incluyendo a los orgánicos.

 

Usos de la fertilización foliar

La fertilización foliar se considera un mecanismo de uso más bien esporádico y que no remplaza el uso de un sustrato de calidad o una fertilización radicular apropiada. Se recomienda cuando hay problemas con la absorción de nutrientes en las raíces que deben ser solucionados a corto plazo. Las situaciones en que esta fertilización es útil son:

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  • Luego de un trasplante. Probablemente una de las acciones más traumáticas para una planta es el cambio de sustrato. Por ejemplo, para cambiarla de macetero o para llevar un almácigo al lugar definitivo. En estos casos la planta se estresa y la absorción de nutrientes por las raíces se ve disminuida. También sirve para las patillas (esquejes) que no han desarrollado todavía sus raíces.
  • Por enfermedades de la raíz, debidas a microorganismos o pestes animales.
  • Por deficiencias en el sustrato que no pueden solucionarse rápidamente. Un caso típico es el de sustratos que se acidifican demasiado, a un punto en que su pH es tan bajo que los nutrientes toman formas no aprovechables por la planta. Solucionar esta situación toma tiempo, pues el pH se debe corregir poco a poco, y en el intertanto se puede fertilizar foliarmente.
  • Para dar un empujón a la planta en ciertas fases de su ciclo de vida. Particularmente en la parte final de las fases de floración y de fructificación. En estas fases, el metabolismo de las raíces disminuye en favor del metabolismo de las estructuras florales, y una buena forma de ayudar a la planta es la fertilización a través de las hojas.

Cómo se hace

En este caso, los fertilizantes siempre deben usarse diluidos en agua y aplicarse como spray. El tamaño de gota debe ser pequeño y las hojas deben quedar bien mojadas, al punto de gotear. Una ayuda importante es la adición en pequeñísimas cantidades de un surfactante, que en términos sencillos es básicamente un jabón.

Como la superficie de las hojas tiene cera, la adición de un jabón Foliar_02ayuda a que se moje más parejo, sin que el líquido se acumule en gotas (ver fotografía). Para plantas que se consumen, se debe utilizar jabón potásico (que no tiene aromas ni otro tipo de aditivos) o un surfactante natural. Es interesante que los fertilizantes más caros utilizan para este fin el extracto de quillay chileno. Para plantas ornamentales, puede usarse una gota muy pequeña de lavaloza.

Como en todas las aplicaciones de líquidos sobre las plantas, es recomendable hacerlo en la mañana o pasada la tarde, y nunca debe realizarse si existe la posibilidad de que “llegue una helada” mientras las hojas aún están mojadas.

 

EL ETIQUETADO DE LOS FERTILIZANTES

Necesidad de un buen etiquetado

Idealmente, todos los fertilizantes deberían indicar en su envase el contenido de los nutrientes que incluyen, además de todas las demás sustancias que eventualmente sean agregadas. No basta, por ejemplo, indicar que un fertilizante contiene extracto de algas o harina de alfalfa, sino también su cantidad y cuánto aporta de cada nutriente esencial.

El etiquetado riguroso permite determinar si un fertilizante es apropiado para los fines que se persiguen, y también comparar entre distintos fertilizantes. Además, resulta importante para saber si un producto contiene sustancias inadecuadas para las plantas o para quienes consuman estas plantas. Un caso común es el etiquetado pobre o inexistente de los mejoradores de suelos, como los guanos (equino, de murciélago, de aves), humus de lombriz y compost. Qué tipo de materia vegetal se utilizó para elaborar el compost o humus? Dicha materia era variada para asegurar una buena variedad de nutrientes? O se produjo a partir de un solo tipo de materia, como cortes de pasto o desechos de un monocultivo comercial sujeto a fumigaciones? Hay seguridad de que las aves marinas que produjeron el guano no se alimentaban en zonas polucionadas?

Etiqueta_00Información de la etiqueta

El contenido de las etiquetas varía dependiendo de la norma que aplique. En Chile, esta norma está a cargo del SAG, y establece que todos los nutrientes presentes deben estar listados en las etiquetas. También, establece que los elementos acompañantes deben estar incluidos, dentro de los cuales se consideran la urea y, muy importante, los metales pesados.

El grado o N-P-K del fertilizante es la parte más destacada de la etiqueta, y aparece como una serie de tres números usualmente en la parte delantera del envase. Representa la cantidad de Nitrógeno (N), Fósforo (P) y Potasio (K) que contiene y que está disponible para la planta. Es decir, en el cálculo de esos números se excluyen aquellas formas de estos nutrientes que las plantas no pueden aprovechar.

Por esto, sólo el número del Nitrógeno representa directamente el porcentaje en peso que contiene el fertilizante de dicho elemento. El número del Fósforo se refiere al equivalente en P2O5 y el del Potasio al equivalente en K2O, por lo que se necesitan realizar algunos cálculos si deseamos saber efectivamente cuánto Fósforo y Potasio contiene un litro de fertilizante, por ejemplo. Para los más curiosos, estos tres números en rigor se llaman Nitrógeno Total, Fósforo Disponible y Potasio Soluble.

No obstante, el N-P-K es sencillo de interpretar si lo que interesa solo son las proporciones entre estos tres nutrientes. Si se necesita un fertilizante para plantas de hoja, por ejemplo, será más adecuado uno que contenga más Nitrógeno. Entonces, se debe buscar un producto cuyo N-P-K tenga un primer número más alto, como 5-1-1.

El análisis garantizado o composición, es el listado de los nutrientes que incluye el fertilizante junto al porcentaje mínimo de cada uno presente en el producto. A diferencia del grado, donde sólo se indica el nombre del nutriente, aquí se detalla la sal soluble que lo contiene para proveer de más información a los usuarios avanzados. Este detalle de la composición del fertilizante es más difícil de interpretar, y requiere saber las necesidades específicas de la planta y las deficiencias del sustrato.

La lista de ingredientes o declaración de derivación, indica los productos que se utilizaron en la fabricación del fertilizante y que dan origen a los nutrientes listados en el análisis garantizado. Así se puede saber que el contenido de nitrógeno establecido en la etiqueta proviene de piedra caliche, harina de hueso o guano, por mencionar algunos casos.

Aunque parezca obvio, hay que fijarse en que la etiqueta contenga instrucciones de uso. Éstas deben seguirse al pie de la letra a menos que se tenga completa certeza de lo que se está haciendo.

La parte de los elementos acompañantes señala otras sustancias que están presentes en el fertilizante y que no son nutrientes esenciales. Al respecto, la norma chilena establece como obligatorio que se incluya el contenido de metales pesados, estén o no presentes. Por lo tanto, no debe preocupar que el Cadmio, Plomo, Mercurio y Arsénico aparezcan en la etiqueta pues es obligatorio hacerlo aunque el contenido sea cero. Tampoco significa que el producto sea necesariamente nocivo, pues estos metales están presentes en mayor o menor grado en nuestro entorno y alimentos. Si un fertilizante no lista metales pesados en su etiqueta, entonces está fuera de la norma chilena, y no significa que dichos metales están ausentes.

Es muy difícil que un fertilizante carezca absolutamente de metales pesados, pues se requeriría utilizar ingredientes de muy alto costo, sean estos sintéticos, refinados o naturales/orgánicos. Sí es importante que la cantidad de metales pesados sea inferior al máximo establecido como inocuo. Dicho máximo corresponde en Chile a 3 ppm (partes por millón, correspondientes a milígramos por kilo o por litro). Los procedimientos más comunes para el análisis de metales pesados pueden detectar hasta 0,025 ppm. Por lo tanto, si la etiqueta indica, por ejemplo, que contiene 0% de Plomo significa que tiene menos de 0,025 ppm.

Para mayor tranquilidad, las cantidades mencionadas corresponden a aquellas presentes en el fertilizante tal como se vende, no en las concentraciones que se utiliza. Como ejemplo, se puede considerar un fertilizante líquido que contiene el máximo permitido de 3ppm de Cadmio cuando se mide recién sacado de la botella. Si la dilución recomendada es de 2ml por litro de agua, tenemos que el litro de fertilizante listo para usar contendrá 0,006mg de Cadmio. Es decir, menos de un 30% de lo detectable con métodos corrientes.